Este jueves, 2 de febrero, se ha celebrado un interesante acto en la Sede Autonómica de Podemos en el que se han hecho visibles las condiciones de aquellos compatriotas que, tanto por la crisis económica sufrida en nuestro país, como por las nefastas políticas en materia laboral aplicadas por el gobierno del PP, han tenido que emigrar hacia otros lugares del mundo en busca de una vida más digna. La charla, presentada y moderada por nuestra procuradora por Segovia, Natalia del Barrio, ha contado con la presencia física de Amada Peñalosa (miembro de Podemos en el exterior y coordinadora del área de la educación en el exterior e inmigración infantil) y, a través de videoconferencia, con Esperanza Jubera (miembro del Consejo Ciudadano Estatal de Podemos y representante de Podemos en el extranjero, viviendo actualmente en Bruselas) y con Pablo García (miembro del Círculo de Podemos en París, miembro de la marea granate, residiendo en la capital francesa en estos momentos).

“No nos inscribimos en los consulados por miedo a que, al volver, nos veamos sin derechos”

La primera en intervenir, telemáticamente desde Bruselas en este caso, ha sido Esperanza Jubera, quien se ha centrado en hacer visible la problemática de los emigrados en general, y de las mujeres en particular, cuando se ven obligadas a salir del país. “Aunque me gustaría hablar con datos, como científica que soy, en este caso no se puede saber el número de emigrad@s que somos, ya que al gobierno no le interesan estas cifras. Se puede decir que el único censo del que se fían es el de los inscritos en los consulados”, dice. El problema, apunta Esperanza, es que muchas personas no están inscritas en ese registro “por miedo a que nos quiten el derecho a la Sanidad y los servicios de Seguridad Social cuando volvemos a España. Por eso estos números no cuadran. Si, por ejemplo, nos fijamos en los inscritos en la Seguridad Social inglesa, vemos que el número de españoles inscritos es cinco veces mayor al que aparece registrado en el consulado”, argumenta.

Jubera constata cómo las primeras movilizaciones de miembros de Podemos en el extranjero fueron hechas por mujeres. “París y Londres son matriarcados donde se han creado estructuras de ayuda y cuidados que son muy importantes cuando una vive en el extranjero. Además, se han creado las oficinas precarias, como por ejemplo en Berlín, París, Londres etc, que son unos lugares regentados por voluntarios españoles que ayudan a otros emigrados y emigradas españolas en temas laborales y sociales, cuando este trabajo realmente lo tendrían que hacer los consulados y las embajadas. Estas oficinas están llevadas en dos terceras partes por mujeres. Por otro lado, este tipo de asociaciones que se rebelan ante la injusticia han calado mucho en nosotras, de ahí que tengamos también las llamadas mamis en movimiento, que nos apoyan ya no sólo en temas laborales o sociales, sino también en temas médicos como, por ejemplo, acompañar a dar a luz a otra mujer en un país en donde no se conoce la lengua ni el funcionamiento de la sanidad”, comenta.

photo_2017-03-03_18-34-57

Más tarde ha tomado la palabra, de forma telemática también desde París, Pablo García, quien nos ha explicado las dificultades que tienen los emigrantes en un país desconocido y ha destacado la poca importancia y la privación de derechos que sufren por parte de su país de origen, España, en este caso. “Las personas que se van de su casa nunca se van por placer ni por vivir nuevas experiencias, ni por aventura, ni siquiera por aprender un idioma: se van para poder tener una vida digna. Muchas veces sales sin nada, sin ningún colchón económico al que agarrarte, etc”, dice. Además, Pablo desmiente el mantra de la llamada fuga de cerebros. “Esta idea no es cierta. Habrá ingenieros y gente cualificada que se ha ido, pero también hay gente que está recogiendo fruta en el sur de Francia, gente que vive en la pobreza más absoluta durmiendo en tiendas de campaña y que, además, sufren la discriminación de la población donde se asientan”, aclara.

“Para el Gobierno español la inmigración es un problema invisible”

Para Pablo, y una vez aceptado el hecho de que nadie se va de su casa por gusto, hay que ayudar a los emigrados en todo lo posible. “El Estado tiene que ofrecer a la gente que se va una cobertura sanitaria. Cuando llegas a un país es muy probable que no encuentres trabajo inmediatamente, y España a día de hoy no nos da la tarjeta sanitaria. Los que emigramos a Europa al menos tenemos la tarjeta sanitaria europea pero sólo porque no les queda otra que dárnosla, ya que es un derecho que tenemos como europeos. Pero el que se va fuera de Europa, como está sucediendo, a países de América Latina, Asia o Australia, no tienen ninguna cobertura sanitaria. No creo que fuera un tremendo gasto para el Estado español proteger, en el tema sanitario, a todos los españoles que se han ido durante un período inicial de al menos tres o seis meses, en lo que el emigrado encuentra un trabajo”, comenta.

photo_2017-03-03_18-29-45

Otro de los derechos que un español tiene mientras reside en España pero que desaparece una vez ha salido de nuestras fronteras es el derecho al paro. “Muchas veces hay gente que se ha ido teniendo aún meses de paro por cobrar, y eso se pierde. Se debería implantar una ley que permitiera a esas personas seguir cobrando el paro a pesar de estar en el extranjero. Es un dinero que es suyo, que les corresponde, y España se lo está negando”, responde.

Tan irónica es la situación, explica Pablo, que incluso a nuestro país le viene bien que la gente se vaya a trabajar fuera. “Es incluso beneficioso para España, ya que nos elimina de golpe de las listas del paro. Si los 700.000 españoles que han emigrado desde el comienzo de la crisis (y que según Rajoy eran 40.000) no se hubieran ido, sería imposible escuchar en las noticias las informaciones que anuncian la bajada del paro. En el fondo estamos ahorrando una cantidad enorme de dinero a España”, aclara García. Tal es la precariedad del emigrado, que incluso los consulados se han reducido en número y en personal. “Los consulados son la primera línea de defensa que tenemos los españoles fuera de nuestro país, y habría que dotarlos de muchos más medios para que, incluso, se informara a la gente antes de irse, que el futuro emigrado tuviera la información necesaria, etc. Son las redes de amigos o las asociaciones las que acaban sacando las castañas del horno a los emigrados, y eso no debería ser así. Para el gobierno del PP la inmigración es un problema invisible, nos vamos y desaparecemos, incluso como votantes”, apunta.

“Con la emigración infantil corremos el riesgo de perder una generación completa”

Esta interesante charla la ha cerrado la intervención de Amada Peñalosa, que ha ahondado en la inmigración infantil, esos que para ella son “los grandes olvidados” ya que, según nos comenta Amada, los niños y las niñas emigran en masa pero no los vemos porque no hablan ni se atreven a contar sus historias por miedo a dañar a sus padres; aceptan una situación que les es impuesta, ya que las decisiones las toman los demás por ellos.
A este respecto, Amada nos ha aportado unos datos escalofriantes. “Son datos del INE (Instituto Nacional de Estadística) y que, como ya hemos visto, no son de fiar, ya que la realidad de las cifras es muy superior. Pero según el INE en el año 2008 emigraron 8.460 niños; en el 2015 se fueron de España 22.741 niñ@s. Entre el 2008 y el primer semestre de 2016 fueron 134.325 niñ@s los que han dejado el país. En concreto, en Castilla y León en 2008 fueron 220, y en 2015 se fueron 786 niñ@s; en su conjunto son 3.429 niñ@s castellanos y leoneses los que hay censados fuera”, explica. Y es que con estos datos las consecuencias pueden ser catastróficas. “Corremos el riesgo real de perder una generación completa. La gran mayoría de estos niños crecen en otro país y ya no vuelven. La integración es muy complicada para ell@s, ya que no se sienten de ningún lado, ni del país en donde nacieron ni del país que les acoge. Cuando están allí les falta lo que dejaron atrás, y cuando están aquí les falta su vida, que es la que han hecho allí”, comenta.

Para concluir, Peñalosa lo tiene claro: “España tiene una obligación con estos niños, y Castilla y León con los suyos en particular. Esta obligación es muy bonita porque tenemos la obligación de que estos niños sientan España como su país; se podrían guardar pequeños porcentajes de plazas en campamentos urbanos en verano para niños que vuelven en esa época del año…es decir, crear lazos para que, quizás en un futuro, el niño emigrado pudiera volver a España para estudiar, o para conocer a sus abuelos, etc. Muchas veces, este tipo de relaciones con su tierra natal se podrían crear con un coste mínimo para la administración”, reconoce.