Cuando tomas la decisión de cambiar de país sabes que vas a estar lejos de tu familia y amigos, pero también sabes que volverás en navidad, que viajarás cada vez que puedas, que existen las redes sociales y skype, que no vas a perder el contacto y que estarás en cada evento importante de los tuyos.

Entonces cierras la maleta y te vas. Una malea llena de ilusiones, esperanzas y de otras tantas dudas, miedos y todos esos objetos que te recordarán de donde vienes y donde te esperarán siempre.
Cuando eres madre y emigras con tus hijos a esa maleta tenemos que añadirle una buena máscara de “esto es genial”, la máscara del optimismo perpetuo que les ayude a vivir su propia emigración desde el punto de vista más positivo posible.
Cuando eres una madre en un país extraño no sólo debes adaptarte, aprender o mejorar el idioma y gestionar el día a día, cuando eres una madre migrante la adaptación de tus hijos se convierte en una prioridad constante. No hay día en el que no pienses si esto es lo mejor para ellos, si crecer lejos de sus abuelos, sus tías, sus primos es tan genial como los beneficios que el bilingüismo añadirá a su CV cuando sean adultos. Los años van pasando, los niños van creciendo pero esta pregunta nunca deja de sobrevolar tus pensamientos. Algunos conseguimos retornar, otros muchos no lo conseguirán nunca, algunos porque no pueden, otros porque así lo decidirán, pero eso es algo de lo que ya hablaremos otro día.
Cada vez que vuelves a España y ves a los hijos de tus amigas jugando con sus primos o cómo las madres de tus amigas te hablan de sus nietos te da un pinchazo en el estómago que te recuerda que tus hijos están creciendo sin todo eso. Los ves  felices, los sientes integrados y les escuchas hablar en dos idiomas pero también sabes que sus primas les son completas desconocidas, que no recuerdan el nombre de sus tíos y que la ciudad que siempre será tu casa no significa para ellos más que el sitio donde van de vacaciones unos días al año.
Y luego empiezan a llegar los días importantes en los que no puedes estar: La boda de tu primo, el primer hijo de tu mejor amiga, la muerte de tus abuelos (esos con los que tus hijos casi no han tenido relación) y el vacío te va comiendo por dentro, algo se va rompiendo, al mismo tiempo y de manera proporcional que esa máscara de “todo es genial” se va haciendo cada vez más grande y más pesada de llevar.
Y entonces el calendario se llena de días que antes no significaban gran cosa para ti y que empiezan a tomar una dimensión hasta entonces desconocida, el día de la madre es uno de ellos.  Cada país tiene su propio día. La fecha de celebración del país en el que vives no llegas a integrarla como propia y el primer domingo de mayo allí no significa nada, los niños no te hacen regalitos ni te dan besos por la mañana, para ellos sólo es domingo, por mucho que les hayas dicho mil veces a lo largo de la semana que este domingo es el día de la madre en España.
Pero tu no puedes dejarlo pasar, llamas a casa, hablas con tu familia y te das cuenta de que ella también ha tratado de vaciar de contenido emocional ese día, porque si no es un día que puedas celebrar con tus hijos ¿Qué es el día de la madre para una madre?
Todos sabemos que el 24 diciembre es un día que no debemos cenar solos si no podemos estar con la familia, porque el sentimiento de soledad se apoderará de ti. Los amigos te invitan a comer con su familia o te juntas con otros amigos que también estarán solos pero el día de la madre… Nadie piensa en invitar a comer a una amiga o hermana para que no comas sola ese día, tu madre vuelve a comer sola y tu estás demasiado lejos, con tus hijos. Has puesto una mesa bonita, has preparado algo especial de comer y te sientes afortunada de estar con ellos pero no consigues olvidar que tu madre está a miles de kms de distancia.