Contra la resignación

CARLOS CHÁVEZ.- Procurador de Podemos en las Cortes de CyL

Durante mucho tiempo hemos sido educados para alejarnos de la política. No podemos hacer nada. Todo a nuestro alrededor parece estar hecho para que pasemos de lo público y nos quedemos cómodamente sentados en el sillón de nuestra casa. También las instituciones, diseñadas como un traje a medida para el bipartidismo, ponen muy difícil su uso por parte de la ciudadanía.

Y parece que a fuerza de tanto resignarnos a no poder cambiar nada nos lo hemos terminado creyendo. De ahí que, una vez que hemos puesto tanto esfuerzo y tanto de nuestras vidas en conquistar las instituciones, resulte extraño que caigamos en el pesimismo y vayamos a toda prisa a decirle a todo el mundo que es verdad, que no valía la pena y no ha servido para nada.

Pero en los pocos meses que llevo en las Cortes hay una cosa que tengo cada vez más clara: es mentira, las instituciones por supuesto que cambian la vida cotidiana de las personas, se pueden hacer muchas cosas y claro que nuestra entrada está produciendo cambios. Y no solo creo que es mentira sino también que es parte de esa especie de propaganda para mantenernos a la gente de la calle alejada de los lugares donde se toman las decisiones.

Si no, ¿por qué iban a estar tan enfadados los políticos de siempre cuando cuestionamos sus privilegios? ¿Por qué iban a aferrarse a un sistema electoral injusto y desproporcionado que solo beneficia a dos partidos? ¿Por qué iban a poner tantas trabas a que la gente sepamos cómo y qué decisiones se toman en el gobierno?

Por eso, creo que generar resignación es una forma del poder de protegerse contra la gente. Y nos lo han metido tan adentro que incluso aquellos con las mejores intenciones acaban por rendirse.

Que hablen de nuestro pelo, de nuestra forma de vestir o de si vamos en bici al parlamento es un detalle superficial, pero muestra la profundidad de la brecha que hemos abierto. Ahora se habla por fin de pobreza energética, de desahucios, el gobierno tiene que asumir medidas nuestras contra la despoblación si no quiere verse arrinconado. Las instituciones comienzan a lavarse la cara para ser un poco más transparentes. Asumen un tono algo más social. Se abren comisiones de investigación…

A algunos les puede parecer esto algo insignificante. Pero son pequeños pasos importantes si tenemos en cuenta que aún no hemos conquistado nada, pues el poder lo siguen teniendo los de siempre. Por eso, es importante perseverar y trabajar duro por que esos cambios se amplíen y se asienten. Y para ello debemos saber apreciar el valor de lo que hemos conseguido hasta ahora.

Educados en la cultura de la derrota y la resignación, nos cuesta reconocer nuestros logros. Pero hacerlo es indispensable para cambiar las cosas de verdad. Todo el esfuerzo que nos está llevando meter la voz de la gente en los parlamentos y ayuntamientos es valiosísimo. Por eso, me gusta reivindicar también el trabajo desde dentro, pues es una manera de reconocer las fatigas y las alegrías de toda la gente que está haciéndolo posible desde fuera.