El soporte invisible del medio rural

Las mujeres sufren más que nadie el abandono y la discriminación del mundo rural.

Las mujeres sufren más que nadie el abandono y la discriminación del mundo rural.

Las mujeres que viven en el mundo rural… Ya iba a cometer la misma torpeza de siempre, utilizar el genérico para dirigirme o para hablar de las mujeres colaborando y manteniendo lo neutro, lo invisible, la despersonalización de un problema al que no terminamos de darle una solución: la desigualdad en el trato; la desconsideración, en definitiva; la discriminación que sufrimos las mujeres por el hecho de serlo, vivamos donde vivamos y más aún en el medio rural, en donde las tradiciones, el inmovilismo, la iglesia, etc., nos perpetúan en unos roles de los que a duras penas salimos.

Hablamos del mundo rural, de los problemas ocasionados por la mecanización de las labores del campo, en la agricultura, en la ganadería (7,3 % de la economía de Castilla y León) y en las industrias agroalimentarias y la construcción (23% del PIB castellano leonés). Hablamos de un sector, el terciario (69% de nuestro PIB), que no termina de dar sus frutos (comercio de cercanía  víctima de las grandes superficies, incipiente turismo rural). Hablamos del abandono de los pueblos, del envejecimiento de la población y de los recortes en la puesta en marcha de la ley de la dependencia; de la insuficiente subida de pensiones, por debajo del IPC; de los recortes en sanidad, educación, en servicios sociales; de la baja tasa de natalidad; de los problemas de los transportes públicos rurales; de la falta de empleo (la tasa de paro femenino es del 23.82%, un 2.8% por encima de la del masculino, con una tasa de actividad en el medio rural  del 42.8%, frente a la tasa nacional del 50.25%). Hablamos de los sueldos cada vez más bajos (inferiores en un 3% a los de los varones) y contrataciones temporales (un 28,6% de mujeres a tiempo parcial, frente al 5.6% de hombres).

Y en medio estamos las mujeres soportando los problemas de una manera invisible… soportándolos en la acepción de soporte, de mantenedoras de todo esto para que, a pesar de los recortes, no se desmorone.

Las mujeres sufrimos en mayor grado la mecanización del sector primario por la masculinización del  poco trabajo que genera, y realizamos trabajos pocas veces reconocidos o visualizados. Aquí quiero hacer una reflexión: el cambio de las normativas es un primer paso para favorecer e ir equilibrando las desigualdades de género, pero debe estar acompañado de una información exhaustiva que, en algunos casos, casi debería ser de obligado cumplimiento. Un ejemplo evidente de esto último es la  Ley 35/2011, de titularidad compartida de las explotaciones agrarias, cuyo objetivo es mejorar la participación femenina en las organizaciones agrarias y visibilizar el trabajo de la mujer, fomentar la igualdad y mejorar la calidad de vida en el medio rural y ayudar al asentamiento de la población. Esta ley posibilita la administración, representación y responsabilidad sobre la explotación compartida de sus dos miembros, el reparto del rendimiento al 50% y la consideración de ambos titulares como beneficiarios directos de las ayudas y subvenciones, ofreciendo una vía específica para su cotización en la Seguridad Social… En este tiempo se han registrado tan solo 136 solicitudes, cuando el objetivo se acercaba a las 100.000.

Leyes como esta podemos encontrarlas en nuestra legislación, no dudo de la voluntad del legislador, pero creo  que deberían ir siempre acompañadas de una verdadera voluntad de cambio y, sobre todo, deberían contar con nosotras. Algunas veces, leyendo los diferentes planes como el  “Plan estratégico para la igualdad de oportunidades 2014-2016”, me da la sensación de que nos terminan tratando como algo a proteger.  Y no podemos olvidar que si queremos que el mundo rural siga vivo, será femenino o no será.


Julieta Alba – Consejo Ciudadano de Podemos CyL