Un futuro para nuestra tierra

Paro, precariedad, pobreza y despoblación… esta es la cruda realidad a la que nos han condenado las políticas neoliberales del PP. Las escuetas cifras son aterradoras: al finalizar el año pasado, Castilla y León tenía 2.445.791 habitantes. Exactamente 26.261 menos que doce meses atrás. Con pocas variaciones, esto es lo que viene sucediendo año tras año, década tras década, sin que se observe signo alguno de que la tendencia vaya a cambiar, o que pueda cambiar, que se revierta o que cuanto menos se estanque. La Autonomía tiene hoy, prácticamente, la misma población que en 1.900. Con estos datos se diría que estamos en una regresión constante hacia el origen, o lo que es lo mismo, hacia la nada. Pero el problema no sólo es que somos pocos y cada vez menos. A mayores, en conjunto, somos cada vez más viejos y dependientes. La inmigración por causas laborales, la mortalidad y el escaso relevo generacional están causando verdaderos estragos, y llevan la pirámide de población hacia un modelo invertido, con predominio de la zona adulta en detrimento de los jóvenes. Un par de datos que apuntalan esta realidad: la cuarta parte de la población (24%) tiene más de 65 años, cifra prácticamente igual a la de los menores de 30 años. La edad predominante en nuestra pirámide poblacional es de 50 a 59, mientras que solo hace dos décadas era de 30 a 39.

“Le quieren poner muchos nombres, pero en realidad solo tiene uno: POBREZA”

Estos parámetros de descenso imparable de la población y envejecimiento progresivo son inseparables de otro al que se quieren poner muchos nombres, pero que, en realidad, sólo tiene uno: POBREZA. Una Comunidad próspera, que dispusiera de un buen nivel de actividad económica, es evidente que no expulsaría de forma tan implacable a su población más joven y activa, mientras que en la práctica es incapaz de atraer a otro tipo de sectores que no sea el de pensionistas, que regresan a sus tierras cuando ya no dependen de empleos y salarios. La despoblación y el envejecimiento de esta Comunidad Autónoma sólo son explicables desde el predominio absoluto de unas políticas públicas que han jugado, y juegan, sistemáticamente contra nuestros quehaceres, oficios, tradiciones, aptitudes y potencias productivas, y que provocan una sangrante precariedad laboral, con empleos rayando la miseria que hacen que, a día de hoy, uno de cada cinco asalariados en nuestra tierra gane menos de 300 euros al mes. Y es que el partido que ha gobernado esta tierra durante los pasados 25 años, y los últimos cuatro a escala nacional, con su neoliberalismo áspero y virulento, antisocial, está sembrando nuestra comunidad y nuestra patria de trabajadores pobres, mientras que la plusvalía se la llevan los de siempre, los poderosos, las multinacionales, las élites que, sin presentarse siquiera a las elecciones, rigen los destinos de Castilla y León y de España.

“La buena noticia es el enorme potencial humano del que disponemos en esta tierra”

Aquí se desmanteló el campo y la ganadería tal y como siempre los conocimos, sectores en los que nuestra tierra fue una potencia destacada del país. La industrialización del pasado siglo apenas ha tenido algún reflejo en puntos muy concretos. Y el capital, la riqueza que aquí se ha ido generando, rara vez no ha dejado de invertirse fuera de nuestra geografía. Frente a todo ello, las políticas públicas, siempre subsidiarias del interés privado, no solo no han contrapesado estas adversidades, sino que han profundizado en ellas, primando la inversión en las zonas más prósperas, donde hay más población “electoralmente agradecida” y donde la rentabilidad es también más alta, siempre mirando más las conveniencias partidistas que el bienestar de la gente.

La estampa de Castilla y León, con estos flashes, no puede ser más desoladora. Y con estos esquemas difícilmente asombrarán los datos crecientes de pobreza general. El pasado año, según informes del INE, más de 18 hogares de cada 100 de nuestra Comunidad estaban en riesgo de pobreza y casi 10 de cada 100 reconocían llegar con extrema dificultad a fin de mes. Y eso sin hablar de permitirse “lujos” como ir de vacaciones unos días. El 39 por ciento de los hogares de Castilla y León no pueden hacerlo.

Es verdad que todos estos datos no son muy diferentes de los que se dan en el conjunto del país. Pero cuando se combinan con el hecho de ser la Comunidad más extensa de Europa y una de las más despobladas, el producto resultante es una bomba de fragmentación política: o cambiamos cuanto antes y de forma radical la manera en la que nos han venido gobernando, o nuestro futuro colectivo tiende a las tinieblas. La buena noticia es que todo esto puede detenerse porque aún quedan sectores y saberes suficientes en las nueve provincias. La buena noticia es el enorme potencial humano del que disponemos en esta tierra. La buena noticia es que al fin hay una fuerza política cuyo único objetivo no es enriquecerse, colocar a los suyos o garantizarse sueldos de por vida. La buena noticia es Podemos, cuyo único afán es devolver el orgullo a estas tierras y poner en marcha todas sus potencias para que las personas sean lo primero. Somos la única alternativa y tenemos un proyecto cuyo eje pasa por redefinir el modelo productivo en nuestra comunidad en aras de resolver el grave problema de empleo que padecemos.

El impulso en I+D+I es uno de los pilares fundamentales para generar trabajos de calidad que conlleven un alto valor añadido, aprovechando los recursos endógenos y el potencial humano con el que contamos, una apuesta ganadora que ha de marcar el camino para construir un futuro esperanzador. En consonancia con esta línea, el apoyo a la Universidad debe ser piedra angular que contribuya al despegue de Castilla y León, dado el cualificado potencial humano de que dispone. Retenerlo en nuestro territorio, dotarlo adecuadamente de los medios económicos precisos, posibilitará como consecuencia el retorno de aquellos jóvenes investigadores que se han visto obligados a emigrar por falta de horizontes y oportunidades.

Por otra parte, debemos considerar el medio rural como un sector estratégico y reconocer su importancia. El 100% del Patrimonio Natural y un elevado porcentaje del Patrimonio Cultural se encuentran en el medio rural. Buena parte de la energía se genera en él. Los montes son factorías de oxígeno y sumideros de dióxido de carbono. Ahí nacen los ríos y la producción de alimentos se genera en ese medio. Pero, pese a su potencial, hay despoblación y su estado actual es de emergencia social debido a una suerte de abandono político e institucional que hemos de revertir con urgencia. Vemos en él nichos de empleo hasta ahora no explotados adecuadamente en todos los aspectos vinculados al patrimonio natural e histórico-artístico, ámbito concreto en el que estamos a la cabeza de España de forma incuestionable.

Medidas en este sentido, rápidas y contundentes, son vitales para fijar población en el medio rural, para que nuestros jóvenes puedan quedarse a vivir en los pueblos porque ven un futuro digno y seguro con verdaderas oportunidades de trabajo.

Y es también en este orden donde debe apoyarse al sector primario y constituirlo en otro de los ejes básicos de nuestra economía. Desde las instituciones debe apoyarse aún más a nuestros agricultores y ganaderos, facilitando a los jóvenes las oportunidades necesarias para que puedan enraizarse en nuestra tierra, con acceso a la financiación de la empresa agropecuaria, potenciación de la agricultura y ganadería ecológica, cooperativismo, canales de distribución local, etc. Pero no sólo en ese orden material, laboral, sino poniendo todos los recursos para conseguir un medio agradable, accesible, confortable, mediante la mejora radical de infraestructuras, servicios, y el disfrute de actividades culturales reservadas hasta ahora al medio urbano.

Y, por supuesto, no dejaremos de lado, por su importancia capital, el mundo de la cultura –con la diversidad y riqueza de matices y expresiones que encierra. Es una apuesta sin ambages que Podemos hace en Castilla y León. Un pueblo sin cultura es un pueblo sin alma. Consideramos la cultura como un sector estratégico per se, porque es también elemento dinamizador de la economía y el empleo. Y buscamos descentralizarla, democratizarla, acercarla verdaderamente al mundo rural para que no se convierta en privilegio de unos pocos que la disfrutan en las ciudades, y no en todas, por cierto, con la misma intensidad.

Tenemos, por tanto, ideas, ilusiones, proyectos y lo más importante: nos tenemos un@s a otr@s para seguir fortaleciendo este proyecto maravilloso de empoderamiento ciudadano que está consiguiendo que la resignación se acabe en nuestra tierra, y que logrará –más pronto que tarde- que los castellanos y los leoneses, las leonesas y las castellanas sean por fin lo primero.