La división de la derecha

Braulio Llamero    (Secretario de Comunicación de Podemos CyL)

La gran novedad de las próximas elecciones será la división de la derecha, sí; lo nunca visto. Ya, ya sé que oirán hablar muchísimo más de divisiones en la izquierda, porque ese es un mantra arraigadísimo entre la propia gente que se define con esa etiqueta. Pero lo cierto es que la llamada izquierda siempre ha sido variada, de distintos tonos. Lo que no había ocurrido es que entre sus adversarios se viviese también una dispersión de fuerzas, entre dos o más partidos. En la primera etapa de esta democracia post-dictadura, fue UCD el gran partido hegemónico de las gentes conservadores, temerosas de los cambios. AP (el antecedente del PP) no pasaba de ser un complemento a la derecha, sin demasiada fuerza; como le pasaba al PCE respecto al PSOE. Cuando UCD se desplomó, lo hizo en una sola cita electoral y AP se alzó como la nueva fuerza hegemónica de los miedosos. Ahora, en cambio, si las encuestas no nos están contado la trola del siglo –que no creo, porque son demasiadas y todas apuntan a lo mismo- los votantes conservadores, que no quieren ni oír hablar de cambio alguno o de modernización de nada, se van a repartir, con parecidas fuerzas, entre dos partidos, PP y C,s. Fractura en toda regla que, de confirmarse, provocará justo lo que más temen sus electores: cambios a todos los niveles. Nos podemos reír mucho.

Ya hace tres años perdió el PP su mayoría absoluta en muchos de nuestros mayores municipios y pasó a la oposición en casi todos, porque no es precisamente un partido que suela hacer amigos. Sigue gobernando en la Junta de chiripa, porque también perdió la mayoría, pero Ciudadanos le regaló la continuidad sin condiciones conocidas o de relieve. Y solo un escaño le permite seguir en solitario al frente de buena parte de las Diputaciones. Subrayo “en solitario” porque obviamente seguirían presidiéndola incluso sin ese escaño mientras sumaran o sumen lo suficiente con los de Rivera. Este es el panorama que quedó tras las municipales y autonómicas de hace tres años. Pero entre tanto todo parece haber ido a peor para el PP y mejor para los de C’s, de modo que se augura gran crecimiento de estos a costa de los otros, ya que el trasvase de apoyos es directo. No es descabellado, por tanto, prever más cambios aún, y más profundos, en la cita electoral del próximo año. La hegemonía del PP parece en caída libre. Podría perder tanto el Gobierno autonómico como muchas Diputaciones, sin recuperar Ayuntamientos importantes. Y lo que conserve de todo eso, casi seguro que tendrá que compartirlo, ese verbo tan difícil de conjugar para el PP. No me digan, pues, que no será interesante el combate electoral que viene, con todo tan abierto. La quiebra y división del bloque conservador, que parecía indestructible, abre un sin fin de posibilidades.

Será clave, al respecto, la inteligencia política que demuestren los otros protagonistas electorales de la cita y singularmente los dos más importantes: PSOE y Podemos, segunda y tercera fuerza políticas tanto en el país como en la Comunidad, mientras las urnas no demuestren cambios. El PSOE es un partido reformista clásico. No quiere cambiar nada, pero se ofrece para administrar mejor y con más sensibilidad en las diferentes instituciones. Las gentes que temen cambios, los mayores sobre todo, aprecian esa postura y solían votar PSOE cuando se hartaban del PP (y viceversa). Lo malo para el PSOE es que ahora hay otra alternativa al PP más asumible para quienes abandonan esta sigla. Podemos, por su parte, es un partido transformador, quiere cambios profundos, al considerar que llevamos un rumbo equivocado y hasta suicida en los diferentes ámbitos de gobierno y sus políticas de fondo. Nunca es fácil la cooperación entre dos fuerzas con visiones tan distantes, como de hecho se está viendo con el Gobierno central, que gobierna el PSOE en minoría absoluta y con el único apoyo relevante de Podemos. Pero el “matrimonio de hecho y por necesidad” que veremos entre los dos partidos conservadores, obligará a que todos los demás, reformistas y transformadores, busquen fórmulas de entendimiento para arrebatarles los gobiernos. Por una razón de fondo tan sencilla como elemental: necesitamos con urgencia cambios en lo municipal, en lo provincial y en lo autonómico. ¿Qué hay que conservar de las nefastas formas de gobernar Diputaciones o Gobiernos autonómicos, por ejemplo?

La partida, en fin, se perfila muy abierta. Y por eso mismo, quienes abogamos por el cambio y la transformación, nos vamos a dejar el alma por convencer a cuantos podamos de que son posibles municipios con futuro, unas provincias repobladas y una Comunidad que nos proteja, cuide y acoja. Claro que es posible y claro que podemos.