La Sanidad, enferma

Teníamos uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo. Lo tenemos aún seguramente, pero muy, muy tocado. Nuestra Sanidad está enferma, y los síntomas se multiplican. Ayer mismo nos informaban los medios de que el personal sanitario de Sanabria (Zamora), los médicos, en particular, al límite de sus fuerzas, amenazan con dimitir. No son los únicos. Y tampoco hace falta que nos lo cuenten los medios de comunicación. Lo vivimos todos los días. Basta con que te toque acercarte a un centro de salud, a un hospital, a Urgencias. Los profesionales que atienden los diferentes servicios están sobrepasados, al límite o más allá. Los especialistas no dan abasto y atienden cifras de pacientes inauditas. Las esperas se vuelven interminables y de poco sirve que te citen a una hora determinada… La sensación de colapso es difícil de ahuyentar. Mucho me temo que sea una de las más duras herencias que el PP de Herrera nos va a dejar, tras una presidencia que se inició prácticamente con el siglo, en 2001. Lo recortes, cuando se prolongan, acaban siendo letales para los servicios públicos. La Sanidad nos va a quedar en una estado comatoso, y no será nada fácil su reanimación. Se van a hacer largos, muy largos, los 8 meses que quedan antes de que podamos renovar el Gobierno autonómico, echar de una vez al insensible equipo de gerentes y contables que dirigen ahora la Sanidad, y volver a poner en el centro de sus políticas nuestra Salud colectiva.

Y como ven, me he puesto “flamenco” u optimista y doy por hecho que esta vez sí, que el próximo año por fin habrá cambio, vuelco y alternancia en la oxidada Junta de Castilla y León. Pensar lo contrario, lleva a la depresión. Y no solo por el temible estado en que están dejando nuestra Sanidad, tan envidiable ahí fuera, en otros países, empezando por los ultraliberales EE.UU. donde solo hay esperanza médica para ricos y asegurados. Me gusta ser positivo y cultivar la esperanza. Esta pesadilla de tantas décadas del PP gobernando en solitario y a su antojo Castilla y León terminará en 2019. Queda por saber, claro está, el sentido del vuelco y su profundidad. De nosotros y nuestro voto dependerá. Pero me parece que ya es un clamor colectivo que no, no podemos seguir así ni por aquí: es urgente recuperar la Sanidad que tuvimos, la Educación que no hemos dejado de merecer y los Servicios Sociales que son justos en una Comunidad extensa, despoblada y envejecida. Por no hablar del abandono general a todos nuestros sectores productivos, dejados a su suerte, mientras se mima, muy sospechosamente, a multinacionales o grandes empresas de corazón deslocalizado. De eso irá –o debe ir- el debate político en los próximos meses. No de las chorradas tipo “Master”, espectáculos televisivos e insidias con que nos suelen entretener, fingiendo que eso es política. Política es administrar los recursos colectivos con honradez y al servicio siempre de la mayoría social, de la gente, de los peatones de la historia, de quienes tienen más necesidades que voz.

Urge curar y recuperar la Sanidad enferma que nos van a dejar los hombres grises del PP autonómico. Hay que volver a dar envidia al mundo con nuestro sistema, como cuando quiso copiarlo, siquiera en parte, el presidente norteamericano Clinton y casi le costó la presidencia. Hay que pedir a los profesionales que aguanten un poco más, si es que pueden y hasta donde puedan. Ellos y ellas son nuestra última trinchera sanitaria. Siempre hay esperanza. Siempre es posible cambiar. Y hay que ir sentando, repitiendo y fijando una verdad que nos ocultan con desvergüenza infinita, particularmente aplicable a la Sanidad: estamos viviendo por debajo de nuestras posibilidades. Por debajo, sí. Con lo mismo, sin un céntimo más, podemos vivir muchísimo mejor. Es cuestión de reparto, honradez y eso que siempre se ha llamado justicia social. Animo.