Nosotros, los moderados

Santiago Alba Rico

Las palabras no significan lo que queremos las personas sensatas, razonables y moderadas sino lo que deciden otros, en general los más poderosos y los más ricos. Este es el caso del término “radical”. Ocurre que a las personas sensatas, razonables y moderadas no les gustan los mentirosos, los ladrones, los corruptos, los torturadores, los dictadores, pero tampoco los “radicales”. La palabra “radical” tiene una historia que ya no nos pertenece y que no deberíamos perder el tiempo en recuperar. Cedámosla. Dejemos de intentar defender el radicalismo frente a la mentira, el robo, la corrupción, la tortura o el autoritarismo e insistamos más bien en que radicales son los que mienten, roban, desvían fondos públicos, torturan o debilitan la democracia. Trump es un radical, sin duda, pero también lo son Rajoy o Susana Díaz y en general las clases dirigentes europeas, cuyas políticas no sólo han despojado a los ciudadanos de buena parte de sus derechos -el equivalente humano del caparazón de las tortugas y la velocidad de las gacelas- sino que, por eso mismo, abren paso a esa nueva internacional neofascista que Le Pen, tras las elecciones en EEUU, reivindica desde Francia. ¿Qué es más radical, impedir un desahucio o dejar a un anciano sin casa? ¿Pedir pan, escuela, hospitales, igualdad y hasta piedad o rescatar bancos, reducir presupuestos sociales, rechazar a los refugiados y vender armas a dictadores? Nosotros somos los moderados y por eso nos llaman radicales los radicales. Les damos miedo. Les da miedo nuestra moderación. Y, como ha ocurrido otras veces a lo largo de la historia, nuestras clases dirigentes, frente a la moderación y sus bienes comunes y pequeños, prefieren “el mal mayor”. Eso es lo que ha ocurrido en EEUU, donde el establishment prefirió Clinton al moderado Sanders, franqueando el paso al peligrosísimo Trump. Eso es lo que ocurrió en Grecia, donde la Troika propinó una paliza a Siryza para que su derrota la aproveche ahora Amanecer Dorado. Eso es lo que ocurre en España, donde el régimen del 78 ha vapuleado la democracia e impuesto un monopartidismo de hecho para impedir que gobierne Podemos, la única fuerza moderada que puede impedir la radicalización que nos amenaza. Moderémonos, por favor, cada vez más.