El PODEMOS que queremos y necesitamos

Hace poco más de dos años que miles de ciudadanos y ciudadanas procedentes de todos los rincones del Estado llenaron un 31 de enero las calles de Madrid. La Marcha convocada por Podemos era un punto de inflexión que nos decía que había comenzado el cambio en nuestro país. Así, precisamente, comenzaba el artículo que escribí cuando volvía de esa manifestación, lleno de ilusión. Pasado que ahora es muy necesario recordar.

El 31 de enero de 2015 faltaban apenas unos meses para las elecciones municipales y autonómicas y algo menos de un año para las elecciones generales. La ilusión desbordaba no solo a los inscritos del partido, que se situaba en muchas encuestas como primera fuerza política, sino a toda la sociedad. Esas elecciones demostraron que todo era posible: gracias a las candidaturas de unidad popular apoyadas por Podemos se lograron alcaldías tan importantes como Madrid, Barcelona, Zaragoza, Cádiz o las principales ciudades gallegas y, en nuestra región, diez procuradores de un partido con apenas un año de existencia lograron entrar en las Cortes de Castilla y León, algo nunca visto anteriormente.

Escribía en ese artículo que el proyecto de Podemos era el de construir un nuevo país del cual sentirnos orgullosos y orgullosas. Una España nueva donde la Constitución no sea papel mojado, sino que sea cumplida por nuestro Gobierno, anteponiendo los intereses de la mayoría social a los de una minoría privilegiada. Un país donde podamos ser la vanguardia en I+D+i, donde todo el mundo pueda comer tres veces al día, en el que todas las personas que huyen de una guerra puedan ser acogidas, un lugar en el que la sanidad, la educación y la atención a la dependencia sean nuestras prioridades; en definitiva, un país de y para la gente.

Cuán necesario es mirar un poquito al pasado para saber qué es Podemos. El otro día tuve la ocasión de ver “Política, manual de instrucciones”, el magnífico documental dirigido por Fernando León de Aranoa que explica con total puridad en qué consistió el éxito del joven partido: en la ilusión, en el trabajo bien hecho, en la discusión bien entendida, en los acuerdos, en el diálogo y, en definitiva, en la distinción respecto a los demás.

Hace unos días se entregaron los premios del proyecto “Impulsa”. Podemos destina gran parte del dinero que donan sus representantes a proyectos sociales. En esta ocasión se destinaron 500.000€ a este tipo de iniciativas. No se nos puede olvidar que gracias a ello este partido se diferencia de los demás, demostrando que otra forma de hacer política es posible.

Podemos llegó a la acción política española para quedarse, con el propósito de mejorar la vida de la gente. Encaramos un nuevo punto de inflexión, como pudo ser el 31E de hace dos años, dentro de una semana, en la Asamblea Ciudadana de Vistalegre II. En este caso, de nuevo, debemos poner a Podemos en movimiento para recuperar la ilusión y construir un Podemos para todas y todos y, así, ganar las elecciones generales de 2020. El debate que está teniendo lugar es muy necesario, también muy interesante, y lógico que se dé tanto en este partido como en cualquier otro. Quizás no se haya llevado tan bien como se hubiera querido, a lo mejor los medios de comunicación hayan querido radicalizarlo para buscar un enfrentamiento donde no lo hay y, estoy seguro, de que los actores que principalmente lo han protagonizado hubieran preferido desarrollarlo de otra manera.

En todo caso, al igual que escribía el 31 de enero de 2015, claro que podemos. Podemos revertir la situación que viven millones de personas en riesgo de exclusión social, podemos lograr que las personas sean lo primero y podemos construir un partido que sea el motor del cambio en nuestro país. Ya lo estamos logrando. Y a partir del 12 de febrero seguiremos trabajando para hacerlo. ¡Podemos!

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Andrés Dueñas es graduado en Derecho, cuenta con el máster en Derecho Constitucional del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales y es profesor asociado de esta disciplina en la Universidad de Valladolid. Ha participado en distintos viajes de solidaridad internacional, en lugares como el Sáhara Occidental, Sudáfrica o Ecuador. Ha estado vinculado al movimiento estudiantil vallisoletano, ejerciendo labores de representación estudiantil en el claustro de la Universidad y en la Junta de Facultad de Derecho