El 28 de septiembre de este año se publicaba en el BOCYL la fase de información pública del Estudio de Evaluación de Impacto Ambiental (EsEIA) de un proyecto minero para la Sierra de Ávila. Un enorme varapalo para un territorio que lleva más de dos años trabajando por el desarrollo sostenible participado de sus pueblos.

La mina que se plantea es una explotación de feldespatos a cielo abierto que supondría la excavación, a una profundidad de 45 m., de una extensión de terreno similar a 35 campos de fútbol durante al menos 30 años, en una zona muy próxima a la cuerda de sierra. Generaría un gran daño natural, cultural y paisajístico a un territorio de alto valor ambiental; por no mencionar los efectos que tendría para la salud de la gente que aún vive en la zona, y que mantiene y conserva el territorio, y sobre las actividades tradicionales, como la ganadería extensiva, u otras en proceso de implantación como el turismo sostenible.

Un proyecto cuyo EsEIA ha mostrado tener grandes deficiencias, tal y como se ha reflejado en las más de 4.000 alegaciones presentadas en la Delegación Territorial de la Junta de Castilla y León en Ávila por parte de diferentes organizaciones y personas. Esta mina ha servido para despertar la verdadera alma de la Sierra. Las movilizaciones ciudadanas por el NO A LA MINA no han tardado en aparecer con unos resultados asombrosos en muy poco tiempo, ya que a las alegaciones presentadas hay que sumar, entre otras, las más de 112.000 firmas recogidas en change.org o los cientos de ellas recogidas en papel.